Si nos dieran la opción de tener una vida feliz, en verdadera paz, sin problemas, con estabilidad emocional y bienestar para las personas que amamos y con la bendición de hacer bien a todos, lo tomaríamos sin dudar. Si nos permitiesen escoger entre el mal absoluto marcado por el sufrimiento o el bien auténtico lleno de felicidad, iríamos por la segunda opción. Si nos presentan delante de nosotros la oportunidad de tener éxito en nuestro emprendimiento y nuestros proyectos de manera inmediata, sin riesgos ni esfuerzo excesivo o, por otro lado, volcarnos a la incertidumbre de empezar algo desde cero y correr el riesgo del fracaso y el aprendizaje en el proceso. O, yendo un poco más al extremo: si nos permitieran “ser” por un momento Caín o Abel, la mayoría de nosotros escogeríamos Abel.
Las opciones planteadas anteriormente contienen una primera verdad evidente: todo ser humano tiene un deseo intrínseco de alcanzar la felicidad, el bien, la bondad, el éxito, etc. Sin embargo, no es el único dato que se esconde tras las disyuntivas propuestas. Podemos ver una sutil grieta en nuestra aproximación a la vida que, de mantenerla, puede generar un naufragio final: o lo uno, o lo otro; o blanco o negro; o bien o mal; o el pastor noble que busca servir a su dios, o el agricultor envidioso que cae en fratricidio.
Ver la vida sin escala de grises se presenta como la primera y tentadora oferta, pues, es lo más fácil: nos evita pensar, nos exime de analizar, nos permite alejarnos de la tan desdeñada crítica socrática y, sobre todo, nos excluye de la posibilidad de sufrir las consecuencias de asumir riesgos. El problema es que esta aproximación es, al menos, peligrosa para nosotros mismos y puede convertirse, en mediano o largo plazo, en un inconveniente para cualquier proyecto que queramos empezar. Pensar que nuestra vida se resume en dos opciones, puede llevarnos a la idílica ilusión de pretender ser siempre Abel; o al fatal negativismo de creer que sólo somos Caín.
Yendo a lo concreto: emprender un proyecto laboral, empezar una dieta, iniciar un tiempo de preparación física para una competencia, intentar cambiar hábitos negativos, elaborar un cambio profundo y estratégico en nuestra empresa son acciones que dependen de la realidad humana. Y ésta, se mueve siempre entre dos extremos. En ocasiones tendremos el ánimo para organizar nuestro tiempo para trabajar de la mejor manera, y otras no querremos hacer nada. Unas veces seremos juiciosos con nuestra alimentación, y otras romperemos la dieta programada. Habrá momentos en que entrenaremos con disciplina, otros ni siquiera nos levantaremos de la cama. Por momentos seremos estratégicos y visionarios en nuestra organización, por momentos se nos nublará la capacidad de conducir nuestra empresa. Es utópico pretender ser siempre perfectos (Abel) y, por suerte, jamás podremos ser totalmente los villanos de la escena (Caín).
Jordan Peterson, reconocido psicólogo canadiense, tiene claro que la persona es capaz de entender el dolor humano porque es capaz de causarlo; es capaz de obrar el bien porque reconoce que, así mismo, es capaz de realizar el mal (Peterson, 2017). La vida humana es tan rica y compleja que, contemplarla en blanco o negro, sería un frustrante error. En ese sentido, podemos parafrasear a Peterson diciendo que uno es capaz de emprender un proyecto cuando tomas conciencia que dicho proyecto puede fracasar y que, al mismo tiempo, dicha empresa es capaz de convertirse en exitosa y transformar todo el entorno en el cual nace.
¿Cómo lograr la síntesis entre los polos? Matizando. ¿Cómo matizar? Cuestionando a profundidad nuestra realidad, siguiendo las instrucciones del escritor judío Saulo de Tarso “examinen todo y quédense con lo bueno”. Si esto puede realizarse de la mano de un guía, mentor o coach, pues ¡bienvenido sea!
Ahora, esta misma aproximación “realista” hacia la vida, debe ser aplicada a los proyectos que vayamos a iniciar. Pensar que nuestra idea va a tener éxito o va a fracasar antes de ejecutarla es empezar el partido con una desventaja difícil de vencer. En ese sentido, quiero exponer algunas claves de aproximación hacia los proyectos nuevos que desees iniciar[1]:
- clave: prepárate bien. Lee, estudia, investiga, pregunta: ten los conocimientos necesarios para que tu inicio deje el menor margen a error. Planea como si todo dependiese de ti, aunque, en la vida real no sea siempre así. Siempre hay variables que no puedes manejar y que debes enfrentar con flexibilidad y apertura. Sin embargo, ten presente que, mientras más preparado estés para estas variables, mejor será tu respuesta y resultados y mayor será tu paz interior.
- Segunda Clave: no trates de inventar la rueda. Pensar “nadie está haciendo esto”, “voy a cambiar el mundo con mi idea” te expone a mucha incertidumbre y variables para manejar. Recuerda que los extremos implican mucho riesgo. Si deseas iniciar un proyecto con 100% de innovación, tendrás poca competencia, pero una gran cantidad de riesgos por asumir. Así mismo, si deseas lanzar tu emprendimiento haciendo lo mismo que otros hacen, tendrás muy poco riesgo y una alta competencia.
- Tercera clave: procura mantener la objetividad en tu visión. En palabras sencillas, “no te enamores de tu idea”. Piensa en tu propósito de vida más que en una idea específica pues las ideas pueden -y deben- cambiar, mientras el propósito se mantiene intacto. Tu visión debe ser tan neutral que, si se requiere, deber estar dispuesto a cambiar la idea o cambiar de idea.
- Cuarta clave: busca ayuda de los demás. No olvides que una carga compartida duele menos. De igual modo, una idea compartida puede darte aproximaciones más atractivas, profundas o acordes a la realidad que quieres atender. Es muy común oír frases como “no le digas a nadie porque se frustra tu sueño”, “no hables de tu idea porque siempre salen los envidiosos a dañarte tu sueño” o “no compartas tus ideas porque se las roban”. Te sugiero no caer en estos paradigmas y confiar en tu círculo cercano para que nutra tu reflexión y creatividad.
- Quinta clave: ten disciplina. Esto quizá sea lo más difícil de lograr pues implica un esfuerzo constante y diario que te permita forjar un hábito que acorte la brecha entre lo que deseas hacer y lo que haces. Si el camino se vuelve muy difícil, recurre al punto cuatro: pide ayuda. Aunque no nos guste, siempre funcionamos mejor si hay alguien que nos marque y nos haga seguimiento.
Para terminar, es importante mencionar un aspecto que funciona como eje transversal en medio de las distintas estrategias que vas a aplicar para hacer crecer tu emprendimiento: la inteligencia financiera. No hace falta ser experto en finanzas para poder tener un buen manejo del dinero dentro de tu emprendimiento. Lo que se requiere es claridad, orden y disciplina. Aquí unos consejos: divide tus bolsillos y no mezcles dinero personal con el dinero de tu emprendimiento; no gastes más de lo que ingresa; cuando ingrese dinero: reinviértelo, al menos en tu etapa inicial dentro de los dos o tres primeros años; vive con austeridad dejando los lujos cuando la economía lo permita.
Tu camino hacia realizar tus sueños no estará exento de problemas y dificultades. Y ¡qué bueno que sea así! Si no fuese así, no estarías viviendo una vida real. La vida real te educa, te da flexibilidad, te permite ensanchar tu conocimiento y adaptación. Deja los extremos: ni Caín ni Abel, sino un ser humano que, aunque imperfecto, busca acortar la brecha entre lo que es y lo que desea ser.