Be Kant (1724-1804)

 

 

Immanuel Kant nació el 22 de abril de 1724, hace 300 años. La conmemoración de su nacimiento es una buena ocasión para reconocer el valor de su filosofía, así que, en varias entradas, durante las próximas semanas, estudiaremos algunas de sus ideas en escritos poco conocidos, especialmente dedicados al estudio de la naturaleza y la condición humana. Seguramente será difícil no ceder ante la tentación de ocuparnos de sus obras más estudiadas, en especial, cuando deseemos plantear una lectura diferente.

La filosofía de Kant se suele dividir en dos grandes periodos, precrítico (1746-1780) y crítico (1781-1798); o en un periodo delineado por el racionalismo alemán y las ciencias naturales, el sueño dogmático, y otro por el estudio de la arquitectónica de la mente, la posibilidad del conocimiento, la moral, la belleza y los fines de la existencia, el sueño crítico. Existen, además, una serie de escritos sobre antropología que son de difícil categorización, si se mantiene la extensa barrera de la Crítica de la razón pura, desde su creación a su efectiva publicación (1770-1787).

El enfoque que prefiero es el de tratar cada escrito e idea de manera independiente, antes que obligar al pensador a entrar en una forma predefinida o, haciendo uso de su propio lenguaje, en una forma a priori de su filosofía. Además, lo cierto es que la creación de una obra y la consolidación de una idea es un proceso diverso y complejo, en el que confluyen aspectos personales y culturales, criterios anclados a una tradición de pensamiento, medios y recursos, entre muchos otros. A pesar del rigor con el que deseamos creer o el orden que anhelamos ver, el pensamiento es frágil y se apoya en los titubeos propios de la existencia.